martes, 29 de septiembre de 2015

Javier Ruescas selecciona mi relato

Hola a todos. ¿Cómo estáis? Espero que muy bien. Hoy no traigo una frase sobre la que reflexionar. La entrada de hoy es más especial, al menos para mí, puesto que me supone una gran satisfacción como amante de las letras. 

En verano, mi amiga Lidia de Mirada de Arcoiris, me propuso que nos apuntáramos al I Curso de escritura de Javier Ruescas, que es un escritor de literatura juvenil española muy conocido. El curso se llama Escribe una historia. Después de mirar mucho el curso y darle muchas vueltas, al final Lidia y yo decidimos ver qué tal estaba, puesto que el temario y el desarrollo del mismo parecían muy interesantes. Ya había hecho algún curso de escritura con anterioridad, pero creo que éste aportaba también cosas nuevas, y sobre todo un foro en el que poder compartir tus ideas, relatos y pensamientos.

Javier Ruescas, además de pasarse por el curso y resolver dudas, propuso que al final le mandáramos, los que quisiéramos, un pequeño relato de no más de 200 palabras. Los diez que más le gustaran los incluiría en su página web, lo que ayudaría a dar a conocer los escritos. 

Yo me decidí a mandar el mío. Al principio no sabía qué escribir porque no se me suelen dar demasiado bien los relatos tan cortos. Me gusta explicar y argumentar todo demasiado y en tan pocas palabras hay que ir muy al grano. Pero una idea se me vino a la cabeza, y ya lo demás fue ir acortando sin dejar que perdiera el sentido que yo quería. Mi intención era hablar de lo que supone para una persona tener cualidades que socialmente se ven como negativas, como son el miedo y la cabezonería. Yo quería plasmar que tener ciertas características o cualidades diferentes (o que no son tan aceptadas), no significa que eso haga que tu vida vaya a peor o mejor, sino que hace que vaya por otro camino. Al final lo titulé Una vida. 

Hace unos pocos días, se supieron los ganadores. Y para mi sorpresa, el mío estaba entre los diez seleccionados. Para mí ha sido una gran satisfacción porque el hecho de que un relato propio le guste a alguien que ya tiene un hueco en la literatura de nuestro país, es importante. Pero sobre todo, lo que más me hace feliz es que mi historia se haya entendido, y que haya logrado emocionar a alguien.Y es que al final lo más importante cuando escribimos es crear conexiones con otros individuos, y que mediante el uso de nuestra lengua, podamos hacerles llegar tantos sentimientos en tan sólo un puñado de letras, en una piscina de letras.

Os dejo el enlace a la página de Javier Ruescas donde se pueden leer los relatos ganadores por si os apetece leer el mío o el del resto de seleccionados, que son todos geniales. Y si se me permite, mi favorito es Sin final feliz de Ana García. Espero que os gusten mucho.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Historia 2: La sombra de Ray

Hoy os traigo un relato que presenté a un concurso, concretamente al de El folio en blanco que se organiza gracias a Yo quiero escribir. Mi historia no resultó ganadora ni finalista, pero yo estoy satisfecha con lo que pude crear en tan sólo una página de un folio. Hoy, también comparto esta historia con vosotros. Espero que os guste.


La sombra de Ray


Siempre detrás de él. Tapada por su larga sombra en cada sesión de fotos, en cada gala de premios y en las revistas musicales de mayor prestigio. Val sentía que era el personaje secundario de la pareja, el que a todos gusta pero sólo un rato. Luego los focos se apartan para enfocar al gran cantante de country, el protagonista indiscutible. Incluso su guitarra aparecía en más fotografías que ella, y verse detrás de la sombra del instrumento que ella misma le regaló hacía que surgiera un nuevo sentimiento hacia él, y que desde luego no era amor.

Val ya sabía lo que le esperaba al estar con Ray. Ella le admiraba mucho antes de que fuese su pareja por su carisma y su inconfundible arte para la música. Y precisamente, su melomanía los hizo unirse y convertirse en una de las parejas con más glamour de la década de los 60. Pero Ray era el rey. Ella sólo era la chica bonita que le acompañaba y que le daba a él ese toque familiar que hacía que muchas jovencitas de la época se rindieran a sus pies mientras imaginaban infinitas aventuras con él.

Val también era cantante y compositora, pero nunca tenía la oportunidad de demostrar su talento. Todos querían a Ray. No importaba si ella hacia algún solo durante la gira de su marido que sorprendía al público. La gente pagaba por ver y escuchar a Ray, no a Val. Pero ella no se conformaba con ser la sombra de la leyenda. Val se negaba a pasar a la historia como “la mujer de” y comenzó a idear un plan.

Ray, sin saberlo, inició el comienzo de su propio final. Sus cada vez más frecuentes idas y venidas con el alcohol lo colocaron en el centro de la diana, pero los medios de comunicación sólo hacían engrandecer la leyenda de Ray con cada botella. Val tenía que hacerle sobrepasar el límite entre una estrella alcohólica y un cantante caído por su adicción. Ella le convencía para que bebiese más y más, le decía que el alcohol le daba la inspiración y que con cada trago, las letras de las canciones que componía eran aún más brillantes que sus grandes éxitos. A Val ya no le importaba Ray, ya no le veía como el hombre al que más admiraba. No tardó en darse cuenta que la única forma de poder tener su lugar era acabando con su vida. América adoraba a las desconsoladas viudas. Era el plan perfecto para despegar su carrera desde lo alto.

Las grabaciones del nuevo disco transcurrieron con mucha dificultad. Ray apenas podía cantar y cuando lo lograba, había que repetir una y otra vez. Los productores estaban desesperados y amenazaron con cancelar la gira. Val sabía que era necesaria, y mantuvo a Ray a raya durante unas semanas para asegurarse que la gira se mantenía en pie. No podía prescindir del evento que daría mayor dramatismo al desenlace de su plan. La gira comenzó y los primeros conciertos fueron un éxito rotundo. Ray dio lo mejor de sí. El público enloquecía con él en el escenario y sus ingestas de alcohol eran menores, pero Val lo tenía todo controlado. California era el lugar. Quería hacerlo más poético, pues fue allí donde se conocieron y se casaron.

Unas semanas después, llegaron a Los Ángeles. Ray estaba dispuesto a dar el mejor concierto de su carrera, y Val estaba lista para asegurarse de que fuera el último. Antes de salir al escenario le convenció para que bebiese una copa para relajar los nervios. Luego le animó a una segunda, a una tercera… A pesar de que Ray le decía que era suficiente, Val sabía cómo embelesarle. Ray amaba a Val. Podía tener todos los tópicos de cualquier estrella de la música, pero jamás traicionó a su mujer, y ocasiones no le faltaron. Esa profunda confianza en ella, le hizo creer en sus palabras. Y a esas copas se unieron las pastillas.

Val se aseguró de que Ray no pudiera ni levantar un pie para el concierto. Y se ofreció para sustituirle durante unos minutos. Val tuvo su gran oportunidad y no la desaprovechó. Demostró estar a la altura de su marido, que durante una de sus canciones pasó a ser su difunto marido. El drama se propagó por todo el teatro y el público no podía creer lo que estaba sucediendo. Una de las leyendas del country acababa de morir y las portadas de toda la prensa quisieron rendir homenaje al que un día llamaron “Ray, el Rey”.

Los medios de comunicación se volcaron con su afligida esposa. Todos querían cubrir su dolor. A Val le costó años transformar el interés por el sufrimiento en informaciones sobre su trayectoria musical. Pero por muchos años que pasaron, su carrera jamás llegó a ser tan exitosa como la de su marido; y a pesar de su inmenso talento y de que él ya no vivía, Val nunca dejó de ser llamada “la mujer de Ray, el Rey”.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

La calle de la vida

"Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia delante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único"
Agatha Christie, autora británica de novela negra (1890 - 1976).


Hoy os traigo una frase de una de mis autoras favoritas con motivo del 125 aniversario de su nacimiento. Agatha Christie nació un 15 de septiembre de 1890.Quién iba a pensar que ese día se convertiría en una fecha clave, puesto que llegó al mundo la que unos años después demostró ser la reina de la novela negra. A día de hoy, lo sigue siendo y va a ser muy difícil que alguien le quite ese puesto a la autora de fantásticos libros como Diez negritos, una novela que no te dejará indiferente y que te enganchará de principio a fin. Os recomiendo también sus adaptaciones cinematográficas, especialmente la de 1945. Aunque los finales son diferentes al de la novela, merecen mucho la pena.

Agatha Christie además de ser una autora sobresaliente, también tiene frases que merecen ser reflexionadas. Y por supuesto, yo quería darle un hueco en esta humilde piscina de letras a una mujer de bandera, que también tiene anécdotas personales muy en consonancia con sus novelas negras. Una de ellas se muestra en el libro La sangre de los libros de Santiago Posteguillo. No tiene desperdicio.

Vayamos ya a la frase protagonista de esta entrada. Supongo que todos alguna vez hemos deseado tener una máquina del tiempo para poder rehacer acciones del pasado, ya sea porque hemos metido la pata o no nos hemos atrevido a hacer algo. En realidad, hay infinidad de motivos por los que desearíamos rebobinar a un punto concreto de nuestra vida. Y cuanto más mayores nos hacemos, a más momentos querríamos volver. Creo que la madurez nos va ayudando a ver las cosas de las que nos arrepentimos en el pasado y que en muchas ocasiones nos dan hasta vergüenza. Yo, por ejemplo, a veces veo fotos mías antiguas y me da mucha fatiga verme con determinadas ropas. Pero también me río de mi estilismo y me alegro de haberlo cambiado. 

Está claro que esa máquina del tiempo no existe, que no podemos dar marcha atrás y que ya hemos terminado de escribir esos capítulos de nuestra vida. Ya nada se puede hacer para cambiarlos, pero sí nos sirven para escribir los que tenemos por delante. Podemos aprender de ellos y evitar cometer esos actos de nuevo o ser más valientes y demostrar al yo del pasado que hemos cambiado y mejorado. Sea por el motivo que sea, hay que seguir adelante. No hay más remedio, no podemos volver atrás ni quedarnos parados en el presente. Hay que avanzar lento, a un ritmo normal o rápido; cada persona decide su velocidad pero hay que seguir hacia delante. Aprender o no del pasado es lo que define nuestro futuro.

Imaginemos que nuestra vida es como una calle, la cual es de un único sentido como afirma Agatha Christie. Con cada paso que damos, lo que se encuentra atrás se va quedando estático. Cuando avanzamos se va colocando un cristal justo en la pisada anterior, lo que nos impide retroceder, pero sí nos permite ver lo que hemos ido construyendo en nuestra calle. Lo que tenemos delante es el futuro, y según lo que hayamos dejado atrás iremos haciendo de nuestra calle un lugar diferente. 

Pero yo voy más allá y me hago una pregunta. ¿Y qué pasa con las calles/vidas de los demás? ¿Cómo van las calles que compartimos con la gente que está a nuestro alrededor?
Yo creo que cada uno posee su calle propia, y que cuando compartimos momentos con alguien, nuestras calles se unen pero manteniendo la amplitud de ambas, es decir, que en ningún momento se debe pasar a una sola calle en la que haya más de una persona, pues se corre el peligro de que al final se dependa de la otra persona o incluso pierdas tu propia calle. Creo que me estoy pasando con la metáfora, jajaja. Lo que quiero decir es que siempre debemos mantener nuestra independencia estemos con quien estemos. Con nuestra familia, amigos, pareja, compañeros de trabajo, etc. Podemos juntar y ampliar las calles, pero nunca debemos perder el control de la nuestra porque si eso sucede, es probable que también perdamos el rumbo. Y vida sólo hay una. 

Así que, aprende del pasado, sigue hacia adelante e intenta hacer lo mejor que puedas con tu calle; porque cuando pasen los años, se te recordará por tu arquitectura emocional, por tu legado. Y si lo haces bien, es posible que alguien decida construir una bonita escultura tuya en su calle porque fuiste tan importante en su vida, que jamás podrá olvidar tu huella, tu pisada vital.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Historia 1: Bella esmeralda


BELLA ESMERALDA



El domingo es mi día favorito de la semana. Me encanta ir por las mañanas al parque y ver a los niños jugando a la pelota, montando en bicicleta o paseando con sus padres. Echo tanto de menos esa sensación… Ha pasado tanto tiempo desde el día de mi creación que casi ya no recuerdo cómo era sentir piernas y brazos. Casi he olvidado la sensación del aire jugando con mi pelo y de las gafas sobre mis grandes ojos color verde. Antes no tenía mucho éxito entre la gente, pero ahora estoy a un nivel en el que parezco totalmente invisible. Y sólo cuando alguien se percata de mi presencia, intenta acabar con mi simple vida.

Ayer vi al director de mi colegio. Siempre tan serio y tocándose su oronda barriga. Nunca ha sido un apasionado de su oficio, pero la verdad es que se preocupó cuando ya no volví más a clase. Mis compañeros deben de pensar tantas cosas sobre mi desaparición  repentina que seguro que se han imaginado las cosas más horribles. Por un lado, eso me hace sentir especial ya que realmente no me ignoraban tanto como pensaba, pero me hace echar más de menos mi vida anterior.

No tengo ni idea de si mi situación actual tiene alguna solución, pero llevo ya dos meses sin poder dejar de ser lo que soy ahora. Cada hora es como si pasase un día entero y ya no sé qué pensar o hacer. Por una lado, no echo de menos ser humana, pero sí las sensaciones que se sienten. Con mi forma actual carezco de recursos que no apreciaba cuando era una persona de carne y hueso. Soy tan frágil ahora, que una simple racha de viento, puede costarme la vida. Y la verdad, ni siquiera sé cómo he logrado mantenerme viva tanto tiempo. Supongo que al ser el primero y el último de mis principios como este ser, es casi involuntario.

Los días se me hacen eternos, y recorro de cabo a rabo mis lugares favoritos de la ciudad. Paso mis días intentado recordar los buenos momentos vividos, pero al final mi cabeza siempre se traslada al momento de mi transformación. No sé qué brujería, hechizo o maldición me echaron. Lo único que recuerdo es que estaba sentada en un banco mientras leía. De repente aparece una preciosa mariposa de un bello color esmeralda y se posa en mi mano. Le quise ayudar a volver a retomar el vuelo, pero no había forma de que se despegara de mi piel. Entonces, un rayo de luz llega a mí sin poder distinguir su lugar de procedencia. Cegada por la intensidad lumínica, cierro los ojos. Lo último que logro ver es que el rayo de luz se centra en el punto exacto donde está aquella mariposa. A pesar de no ver nada, noto cómo la mano se va quemando por el rayo. Pero cuando intento tapar con la otra mano la trayectoria, siento que no puedo. Mi cuerpo no me responde. Y unos segundos después, todo deja de brillar. Cuando vuelvo a abrir mis ojos, ya no soy humana.

Así es cómo me convertí en mariposa. Ahora no voy al colegio, ni hago deporte. Tampoco puedo hablar con mis padres, ni darle un abrazo a mi gato. Puede que nunca vuelva a ser yo como persona, ni sentir lo que ahora tanto anhelo. Tú que sí puedes, disfruta por mí. Y si alguna vez encuentras una bella mariposa color esmeralda, no intentes apartarla, pues podría ser yo buscando un poco de humanidad.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Clasismo cultural

"El clasismo es esa concepción de la sociedad que agrupa en la estupidez a esos seres humanos que se sienten distintos de todos aquellos que nos sentimos exactamente iguales a los demás".
 Manuel Rafael Martínez López 



Hoy quiero hablaros de lo que yo llamo el clasismo cultural. No sé si es el término más adecuado, pero creo que es el que mejor resume la atmósfera que a veces se vislumbra por internet y que a mí tan poco me gusta. Alguna vez he querido hacer una reflexión escrita sobre ello, pero al final nunca la he plasmado por aquí. Sin embargo, a raíz de una charla familiar y de una polémica surgida hace unos días, he decidido exponer mi opinión más sincera sobre todo este clasismo cultural que tenemos que aguantar día sí y día también.

No sé si a vosotros os pasa o no, pero yo continuamente estoy oyendo o leyendo frases como "ese libro es una porquería, los que lo leen no entienden de literatura"; "si ves ese tipo de películas es que no debes de ser muy inteligente"; "viendo ese tipo de programas demuestras tu cultura"; "la gente que escucha esa música deja mucho que desear" (casi todas estas frases incluirían insultos varios o descalificaciones bastante irrespetuosas, pero no quiero ensuciar mi piscinita de letras con calificativos de ese tipo, así que los he suavizado). Si os suenan este tipo de frases, sabéis de lo que hablo. 

Hay un cierto sector de gente que dedica gran parte de su tiempo a criticar, criticar y criticar lo que hacen los demás. No hablo de la gente que en un determinado momento hace una crítica sobre algo que no le gusta (están además en todo su derecho y todos lo hacemos). Hablo de la gente que sólo se dedica a eso. Twitter creo que es la red social que más refleja a este tipo de personas que consideran que todo lo que a ellos no les gusta o en lo que no están de acuerdo, está mal y no sirve. Y como no les gusta, lo atacan sin piedad.

Muchos, además, utilizan el argumento de que no está a una determinada altura cultural, según sus propios parámetros o lo que escuchan de otros. Opinar podemos hacerlo todos. Yo puedo decir abiertamente que no me gusta una película o un programa de televisión. Si la opinión está argumentada, mejor que mejor. Pero otra cosa es dedicarse a insultar y menospreciar las preferencias de los demás, y mucho menos sentirse superior porque tus gustos, según tú, son mejores que los de los demás. La diferencia se encuentra fundamentalmente en que se entra muchas veces en las faltas de respeto y se quiere imponer una opinión o gusto. Y yo a esa gente le digo que no hay una verdad universal sobre gustos culturales porque absolutamente todo es subjetivo. Lo que a una persona le encanta a otra le produce rechazo. Pero eso no quiere decir que uno tenga más verdad que otro. Hablamos de gustos, hablamos de libertad de elección.

Es positivo que la gente tenga gustos diferentes. Si todos pensásemos igual, no evolucionaríamos nunca. La mezcla es lo que enriquece. Si el mundo entero estableciera lo que es obligatorio culturalmente, creo que dejaríamos en desuso la frase: "libertad de expresión". Por eso, no creo que debamos estar todo el día diciendo a los demás que sus gustos son malos. El tiempo que dedicas en criticar lo pierdes en disfrutar de lo que supuestamente consideras superior. Al final los que se dedican todo el día a menospreciar a los demás, tampoco aprovechan las cosas que gritan como mejores. Si odias más que amas, no creo que te quede mucho tiempo para disfrutar de eso a lo que consideras supremo.

Y bueno, no puede faltar lo típico. Nos quejamos de que la gente no va al cine. Pero cuando va criticamos que se ven películas malas. Nos alarmamos por los niveles bajos de lectura, pero cuando la juventud se pone a leer nos quejamos de los tipos de lectura que consumen. Lo mismo sucede con la música. No podemos criticar constantemente que la gente no consume cultura, si luego atacamos el tipo de cultura que eligen. Por favor, dejemos que cada persona, en su elección individual, escoja el tipo de cultura que le gusta. Que nadie obligue a nadie a consumir algo que no le gusta, que no es de su tipo. Estoy a favor de las recomendaciones, estoy en contra de las obligaciones. 

Al final, para mí el resumen de todo esto es que hay gente inteligente y gente que no lo es. Los inteligentes saben disfrutar de lo que les gusta de verdad, sin dejarse llevar por los demás. Los no inteligentes siguen a los demás, aunque no les guste. Son capaces de leer un libro que aborrecen o ver una película que detestan, únicamente para poder decir que han leído ese gran libro o han visto esa mítica película. El más listo es el que es feliz con lo que consume.

Hay que dejar a los demás decidir qué les gusta. Que experimenten los diferentes tipos de cultura y se adentren en la que más les apasiona. Creo que todos deberíamos seguir a nuestro yo y no a lo que los demás digan. Ésta es mi opinión argumentada y respetuosa, realizada desde mi más humilde opinión. Que los demás sigan criticando sin piedad y continúen perdiendo el tiempo, que yo me voy a disfrutar de mis series, libros, películas y música favoritas. Me voy a seguir siendo yo.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Lectura conjunta - "El Guardián entre el Centeno"

¡Hola! ¿Cómo estáis?

Hoy no traigo una frase para reflexionar, hoy os propongo una lectura conjunta que organizamos Lidia Rosa de Mirada de Arcoiris y yo. Una seguidora de su blog comentó que le apetecía apuntarse a leer El guardián entre el centeno, así que hemos decidido hacerla de manera virtual para que se apunte todo aquel que quiera. 



Lidia es mucho más experta en el mundo blogger que yo, y ella es la que sobre todo ha establecido unos parámetros para la lectura conjunta basándose en una en la que participó anteriormente. Os animo a pasaros por su blog que es una delicia. A continuación os pongo cuáles son las reglas para la participación:

- Libro: El guardián entre el centeno
- Cuándo: de el 21 de septiembre de 2015 hasta el 4 de octubre de 2015
- Cantidad: dos capítulos por día
- ¿Por qué se titula Birthday? Dos semanas consideramos que es tiempo suficiente para leerlo. Además coincide con nuestros cumpleaños: Lidia cumple el 1 de octubre (todo el mundo a felicitar a esta artistaza) y yo cumplo el 27 de septiembre.

Reglas (opcionales):
- Seguirnos a Lidia y a mí en nuestros respectivos blogs
- Seguirnos en Twitter: Lidia/ Laura
- Participar en esta entrada o en la de Mirada de arcoiris poniendo que participáis + Nombre + Link de vuestro blog + Link de vuestro perfil de Twitter. Iremos añadiendo en nuestras entradas las personas que se apuntan.
- Colocar en vuestro blog el banner
-Comentar en Twitter con el hashtag #SemanasCenteno

Participantes:



Cuantos más seamos, más constructivo será. Animaros lectores.

martes, 1 de septiembre de 2015

Inside Out, más que una película.

"Estaría oyendo sus historias todo el día. Yo sólo quería que Riley fuera feliz"
Alegría

"Llévala a la luna por mí"
Bing Bong

"Llorar me ayuda a dejar de obsesionarme con el peso de los problemas"
Tristeza


Inside Out (Del revés en España) se ha convertido ya en una de esas películas de las que todo el mundo habla. Millones de personas ya han disfrutado de la nueva creación de Disney Pixar en las salas de cines de todo el mundo, y la gran mayoría de críticas son muy positivas. Yo me encuentro en el grupo de personas que la consideran una obra de arte. Algunos piensan que ese calificativo es exagerado. Cada uno valora las cosas según sus pilares personales. Hay gustos y vivencias para todo. Según cómo sea tu vida y cómo se vayan creando tus valores, apreciaras unas cosas u otras. En esta entrada voy a explicar por qué para mí Inside Out sí es una obra de arte.

Si aún no has visto la película, no sigas leyendo o hazlo bajo tu responsabilidad. Voy a tratar aspectos fundamentales y no quiero spoilearte. Si te detienes aquí, te invito a leer esta entrada cuando hayas visto Inside Out.

En mi escala de valores, las películas que considero obras de arte son las que más allá de ofrecernos una propuesta visual, nos obsequian con un producto que nos da la posibilidad de hacernos pensar y de darle una vuelta a nuestros puntos de vista. Me gustan las películas que nos ponen en la piel de otros, que nos dan la posibilidad de entender a personas distintas y que nos hacen reflexionar sobre si estamos haciendo las cosas bien o mal. Evidentemente, también hay que saber apreciar otros aspectos como la banda sonora, la ambientación, la fotografía, el talento de los actores... Pero la línea que hay entre una película y una obra de arte, para mi gusto personal, es la capacidad de reflexión y de lectura. Aunque este último punto también es básico ya que no todos sacamos las mismas conclusiones de las cosas. En otra entrada haré una reflexión sobre la capacidad de lectura que tiene cada persona.

Inside Out cruza esa línea. A la vez que disfrutas de su colorido y de su originalidad a la hora de explicar cómo funciona la mente (algo bastante complejo de exponer), también te das una vuelta por los recuerdos de la infancia. Aquellos momentos que te hicieron ser como eres, aquellos aspectos que construyeron tus principios y que finalmente conformaron tu personalidad.

Uno de los aspectos que más valor le dan a la película es cuando vemos caer una a una las islas de personalidad de Riley. Todos, en algún momento de nuestra vida, creo que hemos sentido esa sensación. Todos hemos vivido alguna situación crucial que ha provocado que algo que creíamos o sentíamos se ha venido completamente abajo. Sobre todo en la infancia, cuando vemos que no todo es tan maravilloso como nos parece. Cuando crecemos somos más conscientes de la realidad y vivimos en nuestra piel sensaciones como la frustración, la decepción y el sentirse perdido. Pero la caída de esas islas también nos ayudan a crecer, a ser más complejos y a convertirnos en personas con más matices y menos simples. Por lo que también aprendemos a ser menos egoístas, a sentir más empatía y a saber apreciar los buenos momentos. Aunque algunas personas tardan más que otras en darse cuenta.

El valor de crecer y hacerse mayor, de comenzar a enfrentarse a más retos de la vida me parece que está magnificamente expresado en la película. Yo al menos sentía una punzada en el corazón con la destrucción de cada isla.

Otro apartado de la película que me encantó fue el de la inclusión de Bing Bong, el amigo imaginario de Riley. Es cierto que no hay demasiados niños que tengan amigos imaginarios en la actualidad, pero me gustó que se les diera representación en la película porque esos niños también necesitan sentirse identificados en ese aspecto. Bing Bong es la clara representación de la infancia más dulce de Riley, además de también cumplir la función de lo que dejamos atrás. En la frase que he seleccionado de él, no puede caber más ternura y dolor a la vez. Cuando nos hacemos mayores, muchas veces nos olvidamos de las cosas que nos hicieron felices de niños. Olvidamos la mayor parte de las cosas que más nos gustaban cuando tan solo contábamos con cuatro o cinco años. Y cuando somos mayores no prestamos atención a personas que son importantes en nuestra vida, y nos enfocamos en otras que no lo deberían ser tanto. 

Jamás debemos perder ese espíritu infantil. No hay que dejar ir del todo a nuestro yo más pequeño. De vez en cuando también hay que hacerle salir porque creo que darle un poco de libertad es de las cosas más sanas que existen. A mí, por ejemplo, me gusta preguntar cómo era yo de pequeña y ver cómo he cambiado. Eso también me ayuda a darme cuenta de cuánto queda de esa niña pequeña en mí y qué cosas hicieron que hoy sea como soy. Tenemos que cuidar más a nuestro pequeño yo, y en otros casos, tampoco olvidarnos de ese amigo imaginario que era insustituible.

El final de Inside Out también tiene un mensaje muy importante: la tristeza va de la mano de la alegría. Si siempre fuesemos felices sería difícil apreciar cuáles son los verdaderos momentos de felicidad. La tristeza es necesaria porque nos permite desahogarnos, nos ayuda a saber ver qué es lo que nos hace felices y a valorar más a la gente. Pero sobre todo, nos ayuda a empatizar con personas que sufren lo mismo o que piensan igual. La alegría es fundamental, pero no sería tan fuerte sin la tristeza puesto que con ella también disfrutamos de la melancolía, que es un sentimiento con una fuerza infinita. Me encanta la escena en la que Riley está llorando y gracias a eso, todos intentan animarla hasta hacer que ese momento sea feliz. Alegría y tristeza van siempre de la mano, formando ese tándem que nos convierte en puramente seres humanos.

Por último, quiero dedicar mis últimas palabras de esta entrada a mi personaje favorito sin ninguna duda. Yo me enamoré de Alegría en el preciso instante en el que la vi en la película. Es un personaje tierno, divertido, simpático, loco, se preocupa mucho por Riley y la quiere más que a nadie.La frase que he seleccionado de Alegría es la que me hizo romper a llorar. Sí, lo reconozco, lloré. Nunca suelo hacerlo pero ese personaje amarillo con su lindo pelo azul hizo romper algo en mí. He leído en internet calificativos hacia Alegría como insoportable, inaguantable, demasiado feliz (¿ahora eso es malo?), excesivamente entusiasta... Respeto a todo aquel que piensa eso, pero yo la sigo adorando más. Y cuanto más la critican, más me gusta. ¿Y sabéis por qué me gusta tantísimo Alegría? Porque creo que todos, incluso las peores personas, deberían tener a una pequeña Alegría en su vida que hiciera todo lo posible porque fueran felices y recuperen a ese niño divertido e inocente. Todo el mundo merece alguien que le haga feliz.